LA TIERRA DE LOS ABETOS PUNTIAGUDOS

Mi mejor amigo dice que soy un poco victoriana. Que lo que más me pega en este mundo es estar sentada en una mecedora, en una casa de la campiña inglesa, mirando lánguidamente por la ventana mientras bebo un Lady Grey a sorbitos, con la enagua remangada. Pues bien, para esta señora victoriana, La tierra de los abetos puntiagudos (de Sarah Orne Jewett, con traducción de Raquel G. Rojas) es como unas vacaciones de esta vida moderna. Un soplo de aire fresco. Una habitación propia. Una infusión de hierbas de mi propio jardín al otro lado del charco.

abetos

Esta novela, escrita a finales del siglo XIX, está plagada de detalles, pequeños momentos y entrañables personajes que transmiten la sabiduría ancestral de aquellos lugares en los que parece que no pasa nada. El lugar que nos ocupa es Dunnet Landing, una localidad pesquera ficticia en la costa de Maine donde conviven los vivos y los recuerdos de quienes ya no están.

Una lectura recomendadísima para estos días en los que todavía corre el aire y podemos imaginar, versionando a María del Monte, que estamos a la sombra de los abetos puntiagudos.

El fantástico diseño de cubierta, como el de todos los libros de Dos Bigotes, corre a cargo de Raúl Lázaro.

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